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| "El velatorio". Ulpiano Checa |
Cada vez que mi mejor amigo habla sube de precio el pan, y mira que le digo que en boca cerrada no entran moscas. Nunca me ha hecho caso.
Ayer sin ir más lejos fuimos al velorio de una amiga mía. Él la conocía de pasada pero se empeñó en acompañarme. La sala del tanatorio estaba que no cabía ni el aliento, y aunque me consta que quiso hablar bajo, como tiene un vozarrón de locutor, lo que me quiso decir como confidencia, retumbó en toda la sala.
-¿Crees que vendrás Don Hugo? La muerta era su amante.
El silencio fue sepulcral, hasta que la madre y la mujer de Don Hugo levantaron el vuelo con redoble de tacones.
Y cuando traspasan la puerta se le ocurre rematar:
-Que la madre se disguste, vale, pero la mujer… si ella le paga con la misma moneda.
Cualquier persona sensata pensaría que con lo dicho ya era suficiente, pero no. Comenzó a contar chistes, y como encima, el jodido, es gracioso, en vez de llanto se oían risas y no es que fueran fuertes pero… ¡como éramos tantos!
De las salas colindantes golpearon la pared y se oyó una voz:
-Por favor, respeten el lugar donde se encuentran.
Yo sentí vergüenza ajena y le convencí para marchar. Así que fuimos a despedirnos de la madre y de las tías de la difunta, que entre todas suman una docena y, la más pequeña los ochenta años ya no los cumple. Es entonces cuando le oigo decir, en tono de condolencia:
-Lo mejor que podrías hacer es negociar una rebaja familiar en los servicios funerarios, porque visto el panorama iréis desfilando por aquí una tras otra.
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