domingo, 23 de agosto de 2026

Amantes de mis cuentos: La araña juguetona

 




Era la mañana de un día de primavera cuando un joven se fue al campo para pasar un día tranquilo. Se levantó pronto, le dolía la cabeza, no le sentaba nada bien trasnochar. Le apetecía bañarse en el río y allá se fue.

Una araña que había tejido su tela entre las hojas de una gran higuera lo estuvo vigilando. No le hizo caso. Se desnudó, pero cuando fue a entrar en el agua, allí estaba, delante de él. Era tan grande como la oreja de un elefante. Caminó diez pasos a la izquierda y cuando levantó el pie casi pisa aquella bestia. Cambió de rumbo, se fue a la derecha, pero la maldita araña iba tras él. Así estuvo de aquí para allá durante más de quince minutos.

Se puso a pensar, algo que no siempre se le daba bien. La noche anterior su amigo, el tabernero, se negó a darle otra cerveza, dijo que ya estaba bastante achispado, que se fuera a la cama. Le hizo caso.

Y ahora ese arácnido enorme se le había puesto justo al lado. Había leído en alguna parte que existe un grupo de ellas muy peligrosas para los humanos. La miró fijamente. Solo le veía los cuatro pares de patas y unos ojos enormes que hacían el gesto de «sígueme» y claro, la siguió, hasta un sitio, donde de buenas a primeras, aparecieron tres cadáveres.

«Hasta aquí hemos llegado», así de serio le habló. A estos jóvenes les has envenenado con tus glándulas, pero a mí, trabajo te va a costar pillarme, y salió corriendo hacia donde más seguro se sentía: la taberna.

Nadie le creyó, a pesar de la desnudez con la que se presentó. «Delirium tremens», diagnosticaron los alcohólicos conocidos. Solo dos policías que durante su ronda bebían tónica, pidieron que le acompañara al lugar de los hechos.

La taberna cerró y todos en fila india se acercaron donde esa  depredadora les estaba esperando.

 

© Marieta Alonso Más

domingo, 16 de agosto de 2026

Nuevo Akelarre Literario nº 131: Las dunas

 



Las dunas

El desierto es un destino imprescindible que ha atraído a viajeros y aventureros de todas las épocas. Las inmensas dunas con sus cambios de colores a medida que avanza el día, caravanas de camellos, paisajes lunares, espejismos…, son imágenes evocadoras imposibles de resistir a la pluma de estas cuatro escritoras que han querido rendirle su personal homenaje.

Pinchad y leed nuestros cuentos. Un abrazo

https://www.nuevoakelarreliterario.com/las-dunas/

domingo, 9 de agosto de 2026

Amantes de mis cuentos: Los perfumes y yo

 



Un hombre choca conmigo frente al Museo del Prado. Disculpe. Y se va dejando tras él un rastro de aromas. Por un instante siento un torrente de recuerdos: la playa, la brisa marina, la madera de pino... Me siento en un banco cercano.

Poco tiempo estuve sola. A mi lado aparece un anciano igualito a Plinio el Viejo que me sonríe y sin preguntarle nada me suelta que la perfumería es el arte de hacer perfumes y que se practica desde los albores de la civilización, que los egipcios fueron pioneros en la utilización de esencias aromáticas, que los griegos asociaban los perfumes con la belleza y la salud. A lo mejor el hombre que pasó por mi lado rozó a Plinio y le han venido todos estos recuerdos.

No para de hablar. Ahora cuenta que los romanos incorporaron el perfume a los baños públicos, a los vestidos y a los rituales sociales. Y no contento con eso continúa con voz monótona: en Persia, en los jardines reales cultivaban rosas y azafrán para destilar esencias, usando alambiques primitivos. Y que hoy, la perfumería combina arte, ciencia y cultura.

A duras penas me lo quité de encima y me dirigí al Metro. Ya en el vagón, entraron media docena de adolescentes. Venían de jugar un partido de fútbol, ellos tan altos y yo tan baja, mi nariz quedaba a la altura de sus axilas. No sé cómo volví a tener a Plinio a mi lado y me cuenta que según Darwin los humanos y los monos descendemos de un tronco común que se separó hace millones de años. Que los chimpancés son los primos más cercanos a la humanidad.

¡Oh, Dios mío! Estos chicos tan altos y tan guapos, no han tenido tiempo de pasar por la ducha y han creado una identidad olfativa única. ¿Qué remedio pondrían los egipcios, los griegos, los romanos, los persas…? Plinio me sacó de dudas: el perfume.

© Marieta Alonso Más  

domingo, 2 de agosto de 2026

Amantes de mis cuentos: ¿Dónde vas con mantón?

 



La bisabuela tenía unos primos que vivían en Manila y, en su viaje de vuelta a España tras la independencia, le trajeron un mantón de regalo. 

Desde entonces, fue un tesoro para la familia. Tiene bordados de flores y pájaros de distintos colores y unos preciosos flecos.

Se dice que ese lienzo cuadrado de seda es de origen chino, a pesar del nombre. 

La Señá Candelas, así llamaban a mi bisa, una vez al mes, lo sacaba de la caja donde lo tenía guardado, lo aireaba y lo dejaba caer sin doblar. 

Nunca tuvo ocasión y cuando surgió la oportunidad no se atrevió a lucir tan lujosa prenda. 

Solo tuvo hijos, nada de nietas, pero al fin, llegó la niña en la cuarta generación y hay que ver, esa bisnieta, el aire que le da al mantón. Que si en una boda, que si bailando flamenco, que si anudado a la altura de las caderas para ir a la verbena de la Virgen de la Paloma.

La chica sigue la tradición guardándolo con sumo cuidado. La última vez que lo usó, su padre pesaroso, manifestó:

—¡Qué lástima, que no te vea mi abuela!

Le dio un beso emocionado y entonces se oyó una voz nacida de no se sabe dónde:

«Que no la veo, eso es lo que tú te crees».

 

Marieta Alonso Más

 

 

domingo, 26 de julio de 2026

Amantes de mis cuentos: Mirada exhaustiva

 






Érase una vez una princesa que no tenía memoria visual.

Un día, en un baile, conoció a un joven y se enamoraron. Se vieron todas las tardes durante una semana, pero se tuvieron que despedir ya que el joven no tenía más remedio que marchar a la guerra.

Ninguno de los dos tuvo la precaución de quedarse con una foto.

Pasaron seis años y un día estando la princesa en su jardín, se presentó un hombre que dijo ser aquel joven.

Ella le miró de arriba abajo, de derecha a izquierda, le rodeó mirándolo fijamente, le hizo caminar hasta un árbol frondoso que quedaba cerca, le pidió que regresara con la cabeza alta y que tragase saliva.

Al final le dijo que era imposible que fuera él. Su amor jamás tendría aquella nuez en la garganta.

 

© Marieta Alonso Más

domingo, 19 de julio de 2026

Nuevo Akelarre Literario nº 130: Terrazas de verano

 



Las terrazas son para el verano. En pleno verano nos apetece acercarnos a una terraza para disfrutar del buen tiempo. El duro invierno nos mantuvo más encerrados de lo que hubiésemos querido, por eso ahora nos falta tiempo para coger el teléfono y quedar con amigos.

Pinchad en el link y disfrutad de nuestros cuentos.