domingo, 3 de julio de 2022

Amantes de mis cuentos: El delicioso sabor de la fantasía

 




Estaba segura de que nació un día que no era precisamente su cumpleaños, pues en vez de regalos, su madre la abrigó bien, le dio un beso y la acomodó en el mascarón de proa de uno de los barcos más temidos de los siete mares. El único que estaba atracado en aquel arrecife.

El más viejo de los bucaneros fue a darle una patada a aquel bulto que se interponía en su camino cuando oyó unos gorjeos. Salió corriendo en busca del capitán Salgari quien, al ver un bebé a bordo, gritó, juramentó y quiso echarlo por la borda. Por fortuna cambió de opinión y ante aquel rebujo de telas dijo: Todo tuyo, Howard Pyle.

Pyle era la mano derecha del capitán y, aunque, por longevo, no ocupara el puesto de contramaestre estaba al tanto de todo. Lo que no podía hacer por culpa de los años lo suplía la experiencia. No perdió tiempo. Llevó al bebé hasta la cocina para hablar con Tim Severin, el más glotón de los corsarios y allí hubo un conciliábulo para ver qué se le podía dar de comer a aquella criatura. Por fin optaron por una cucharadita de leche bautizada con agua. No tenían mucha práctica y empaparon todo el ropaje. Poco a poco fueron desnudándolo hasta descubrir que era una niña. ¡Lo que les faltaba!

―Debemos echarla a los tiburones y que ellos decidan.

―No seas bestia, Severin ―rugió el viejo pirata.

Pensativos, se quedaron elucubrando qué nombre ponerle. Y llegaron a un acuerdo: se llamaría Little Lux.

Pasaron los días, las semanas, los meses y cada mañana Pyle la despertaba con una caricia para que se levantara a cumplir con sus obligaciones. A los demás con una patada. Un día la niña le pidió que no tuvieran con ella las consideraciones debidas a su sexo, y aprendió a usar dagas, hachas de abordaje, alabardas… Así armada ya no le asustaban los muertos que la miraban con ojos de alacrán herido.  


La vida cotidiana no era moco de pavo. Aquellos ladrones del mar atacaban a diestro y siniestro a todos los barcos con los que se topaban. Los españoles eran los más codiciados. A bordo estaban convencidos de que tomaban prestado el botín, aunque no tuvieran intención de devolverlo. Hasta en las noches de luna llena declaraban, con un vaso de ron en la mano, que restituirían una pequeña parte a sus verdaderos propietarios. No. Era muy arriesgado y a la tripulación no había que ponerla en peligro, objetaba el más sobrio. Llevaban años anunciando el deseo de reintegrar una joya encontrada con la inscripción «1592» que jurarían era para Felipe II. Nunca lo hicieron.

A la edad reglamentaria Little Lux fue al colegio. Allí sucedió algo mágico: Aprendió a leer. Y pudo adentrarse, letra a letra, en aquellas historias que tanto la hacían soñar. Rodeada de libros iba devorándolos, uno a uno, ella solita. Cuando fuera mayor, se dijo, no pararía de viajar, Mar Índico por aquí, Pacífico por allá, Atlántico por acullá y como mejor guarida: el Mediterráneo. Puso la mano en el corazón y ante el espejo juró que, en un tiempo no muy lejano, saldría en busca de aquel pecio, donde aprendió el bello arte de manejar la espada y de este modo reivindicar que su mundo de ficción bien podría haber sido real.

 

 

© Marieta Alonso Más

 

sábado, 2 de julio de 2022

Entrevista por Sol Cerrato Rubio: La magia de los sentimientos

 



Cuatro hermanas con las que podrías identificarte, una tía insufrible, viuda, rica, tacaña y a la vez generosa, un mendigo sorprendente, un narrador cotilla, un sacerdote, un científico, un veterinario, un médico, un alcalde…, te harán sentir que esa familia que vive en San Antonio, Texas, podría ser la tuya.


Déjate llevar por la magia de los sentimientos 


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Y me podréis escuchar en el minuto 25:55. 

Espero que os guste. 

Un abrazo 

domingo, 26 de junio de 2022

Amantes de mis cuentos: Mi pobre barrio

 



 

No salgo nunca de casa sin una sombrilla por si el sol me derrite la cabeza. Hoy lo olvidé y noto como el calor me enrojece la piel. No se puede conservar la calma con estas temperaturas. Los zapatos van dejando su huella en el asfalto. Me pregunto si la agresividad en mi barrio es el reflejo del clima. Aminoro el paso cuando veo venir una turba de jóvenes, de menos de quince años, andrajosos, que amenazaban con palos a los coches parados ante el semáforo. Se abalanzaron contra uno y cuando el cristal saltó hecho añicos, el conductor aceleró. Los insultos y obscenidades quedaron en el aire.

 

Me había resguardado en el quicio de una puerta. En la calle quedaban los cristales rotos. Los chicos corrían hacia la avenida, salvo uno que se quedó atrás esquivando los cristales. Iba descalzo.

 

No me atrevía a salir. No sé qué color de cara tendría, pero el chico solícito, al pasar por mi lado, me preguntó:

 

―Señora, ¿se encuentra bien?

 

Le dije un sí no muy convincente con la cabeza. Y se ofreció acompañarme hasta el mercado. El carrito de la compra era un signo inequívoco de hacia dónde iba. No me abandonó a la entrada, fuimos de puesto en puesto. De regreso a casa me ayudó a subir hasta el cuarto piso sin ascensor. Y eso que le había dicho: Si estoy acostumbrada, hijo.

 

Cuando se despedía no se me ocurrió otra cosa que advertirle que debía elegir mejor a sus amigos. Se sonrió. Y fue la misma sonrisa que me dedicaba mi hijo antes de que esa maldita enfermedad me lo arrebatara.

 

Al día siguiente, y al otro, y al otro lo volví a ver, hasta que lo tomé bajo mi amparo y ahora ya no estamos tan solos ninguno de los dos. Está indeciso entre ponerse a estudiar o buscar un trabajo. Le animo a lo primero.     

 


 

© Marieta Alonso Más

domingo, 19 de junio de 2022

Nuevo Akelarre Literario nº 81: Bicicletas en un desván

 


Revolver en los desvanes atrae recuerdos felices, sorpresas, curiosidad y también desata la imaginación de posibles situaciones asociadas a ellas, como en este caso a nuestras autoras que han contado historias de un artista que desea recuperar algo de su pasado; los recuerdos que despierta un cumpleaños; el anhelo por vivir en la casa soñada o los mágicos secretos guardados en un desván.


Pinchad el link y disfrutad con nuestros cuentos:

https://www.nuevoakelarreliterario.com/la-bicicleta/ 

domingo, 12 de junio de 2022

Amantes de mis cuentos: Aspirante a escritora

 



 

La vida de Beatriz es un puro cuento. Desde niña era ella quien contaba a sus padres historietas para que se durmieran. Un momento cumbre en su vida fue cuando aprendió a escribir y ya no necesitó de público para dejar correr su imaginación.

 

Se ha inscrito en un Taller de Escritura y se ha enterado que la primera fase de la creación es la búsqueda de argumento. Se quedó tan tranquila, tiene miles de cuentos en la cabeza.

 

La segunda fase, la artística, la entusiasmó porque lo que es ella escribe por placer, no piensa en qué estilo lo hace, no tiene ninguna técnica, son espontáneos, en realidad lo que tiene es una gran necesidad de escribir.

 

Al llegar a la fase tercera: «El crítico», le dicen que hay que seleccionar, examinar lo escrito. ¡Vaya! Hasta ahora si al leerlo se reía, lo guardaba en una carpeta verde, si lloraba, lo archivaba en una carpeta roja, si le era indiferente lo rompía. 

 

La gota que colmó el vaso fue la fase cuarta «El soldado». Si no le gustan las armas. Que yo supiera no le había pasado por su mente publicar lo que escribía. Hoy ha dicho que debe aprender a vender, a darse a conocer, a publicar, a defender su obra, a concursar... Quiere ser escritora.

 

¿Qué quién soy? El taxista que la lleva de un lado a otro, el que carga la mochila con todos sus libros, el que hace la comida para que tenga tiempo de emborronar papeles. Cuando le pedí matrimonio no pensé que entre mis obligaciones tuviera que hacer todo esto.

 

 

 

© Marieta Alonso Más