Érase una vez una princesa que no tenía memoria visual.
Un día, en un baile, conoció a un joven y se enamoraron. Se vieron todas las tardes durante una semana, pero se tuvieron que despedir ya que el joven no tenía más remedio que marchar a la guerra.
Ninguno de los dos tuvo la precaución de quedarse con una foto.
Pasaron seis años y un día estando la princesa en su jardín, se presentó un hombre que dijo ser aquel joven.
Ella le miró de arriba abajo, de derecha a izquierda, le rodeó mirándolo fijamente, le hizo caminar hasta un árbol frondoso que quedaba cerca, le pidió que regresara con la cabeza alta y que tragase saliva.
Al final le dijo que era imposible que fuera él. Su amor jamás tendría aquella nuez en la garganta.
© Marieta Alonso Más






