domingo, 28 de junio de 2026

Amantes de mis cuentos: Historias de la niñez. El cine de mi pueblo

 



Estaba situado en la calle principal. Muchos carteles anunciaban las películas. La mayoría de las veces eran reposiciones antiguas. Solía haber programa doble, salvo que la película fuera muy larga, como «Ben-hur» o «Sonrisas y lágrimas». Los asientos estaban sin numerar y se llevaban cojines porque al cabo de media hora no sabías cómo sentarte.

El flaco, un hombre de mediana edad, servía de acomodador, vendía las entradas en la ventanilla y era el encargado de que la película no se atascara.

Los amigos íbamos los sábados por la tarde. Aquellas sillas fueron testigos de muchos amoríos quinceañeros. Recuerdo una novia, muy erudita, que con su cháchara tenía el don de adormecerme.

Aquel día hablaba del cine como espectáculo, por lo visto este tinglado comenzó el 28 de diciembre de 1895 en París. Algo dijo de los hermanos Lumière.

¡Qué podía importarme! Si en aquel momento estaba viendo y oyendo a Cantinflas decir: «El mundo debería reírse más, pero después de haber comido.» Y fue como un relámpago comprobar el hambre que tenía, me levanté y pidiendo permiso salí al pasillo. Detrás de mí quedaron murmullos de protesta.

En el bar de enfrente me puse a reventar, mi estómago había alcanzado su capacidad máxima de almacenamiento. Todo me hacía reír. En verdad: Cantinflas era un saco de sabiduría.

Volví a entrar en el cine, volví a oír las protestas, con la que no volví a salir fue con aquella novia. Y no sé ¿por qué?

 

© Marieta Alonso Más

domingo, 21 de junio de 2026

Nuevo Akelarre Literario nº 129: Alcázar Palacio de Portocarrero

 


En el año 105 el procónsul romano Aulo Cornelio Palma, fijó aquí su residencia, pero su estructura actual de defensa proviene del alcázar construido en el siglo XI durante la dominación árabe. 

Ha servido de inspiración para los cuatro cuentos que Nuevo Akelarre Literario publica este mes.



Pinchad en el link y disfrutad con nuestros cuentos


https://www.nuevoakelarreliterario.com/alcazar-palacio-de-portocarrero/

domingo, 14 de junio de 2026

Amantes de mis cuentos: Ocultos deseos

 




Se cuenta que hace mucho tiempo vivió un hombre solitario de cabeza casta y cuerpo pecador.

El pobre pensaba que discurseando sobre la moral se apaciguarían las furias pasionales impuestas por la naturaleza, los tormentos de los apetitos insatisfechos, la alegría de los placeres consumados.

La de horas que gastaba de pie sobre un cajón de madera en aquella esquina del parque londinense exhortando a todo aquél que quisiera escucharle:

Ante todo, moderación en los males que aquejaban a la Humanidad si se continuaba dando rienda suelta a los instintos.

Extenuado y afónico regresaba a paso lento, como era su costumbre, a sentarse ante la chimenea que chisporroteaba mientras, en el exterior, oscuros nubarrones presagiaban un espeluznante temporal, al que esperaba con impaciencia, para salir con los brazos en alto, justo en el momento de descargar aquellas flechas de agua que le harían feliz, por limpiar las calles de toda inmundicia y a él de pensamientos obscenos. 

 

Marieta Alonso Más

domingo, 7 de junio de 2026

Amantes de mis cuentos: Todo cambia en un segundo

  



Hay a quienes les gusta viajar, otros sienten un afán por ganar dinero que da pavor, y otros, pocos, lo único que saben es trabajar. A mí lo que me apasiona es ir a desfiles de moda, no porque quiera ser modelo, no valgo para ello: soy canija. Lo que me atrae es el glamour, el ambiente, la pasarela, la combinación de creatividad y espectáculo. Nunca me he comprado nada, pero allí estoy.

Aquel día amaneció a cero grados, caía agua nieve. Me coloqué el abrigo de mi madre y cogí el paraguas. Tras el desfile, me quedé curioseando, como siempre.

En mala hora.

Al retirar uno de tantos cortinajes tropecé con un cadáver cosido a puñaladas. El cuerpo de una mujer de ojos grandes y profundos como charcos negros, miraban fijamente, el rostro manoseado por la vejez había dejado un río de sangre.

La pasarela, muda y solitaria, despertó y se oyeron pasos apresurados. No quise mirar quién era, posiblemente el asesino regresaría al lugar del crimen. Si me encontrara, ¡oh, Dios mío!, me hilvanaba. Sería su segunda víctima. Me preparé para morir. Muda de espanto, permanecí a la espera de mi destino. Alguien me tocó en el hombro y de pronto, pensé que debía luchar. Me di la vuelta amenazando con el paraguas.

Era la policía.

Me explicaron que aquella señora, una maquilladora de toda la vida, había sufrido un infarto. La sangre que había visto correr a borbotones solo eran efectos especiales y las puñaladas producto de mi imaginación. 

Lloré por aquella mujer que no conocí en vida. Y al día siguiente, me presenté en el cementerio y recordé lo que mi madre, mujer inteligente, decía: Ten un abrigo a mano, que sirva para todo, para ir a la compra, a los desfiles, a los entierros. 

 

© Marieta Alonso Más 

 

lunes, 1 de junio de 2026

Amantes de mis cuentos: ¿Superstición?

 


Dentro de muy poco, será Semana Santa y nos saludará la primavera con sus días más largos y soleados, con el regreso de las aves migratorias y las ganas de vivir…

Me gusta esta estación del año. A pesar de lo que sucede en mi familia. Sí, en la rama materna, la línea femenina. Varias de ellas, se han ido para siempre con noventa años y a la misma hora de un Viernes Santo. Parece mentira, pero así es. Todo comenzó con mi tatarabuela. Esta mujer a la que solo conozco a través de un medallón, que hoy tengo entre mis manos y que tiene incrustado un granate precioso, chiquitito, debajo de su foto.

Ella nació allá por 1848 en lo que es hoy es la República Checa. Por avatares de la vida, su tataranieta, yo, vivo en Madrid. El medallón ha ido pasando de mano en mano, de generación en generación, hasta llegar a las mías.

El granate, ese mineral de color rojo intenso, además de ser bello, tiene propiedades mágicas. Se dice que da energía vital, protege el amor, cuida al corazón y la circulación sanguínea…

Lo aprieto muy fuerte entre mis manos a la espera de que no tenga en cuenta el maleficio, porque el próximo tres de abril, cumplo esa bonita edad y es Viernes Santo.

 

Marieta Alonso Más

domingo, 24 de mayo de 2026

Amantes de mis cuentos: Educación ante todo

 


 

Era un hombre de una sensibilidad rayana en la cursilería, como si fuera de otra época. Cuando hablaba con una mujer se quitaba el sombrero. No se sentaba en el coche sin antes no abrir y cerrar la puerta de la acompañante. Y ayudaba a colocar el cinturón de seguridad.  

Un día se enamoró de una mujer que aparentaba ser de alta cuna, pero en el fondo, si se la lijaba un poco, no mucho, era chabacana, soez, zafia...

No tardó en sacar a flote su verdadera naturaleza y por la bonita boca comenzó a brotar todo el vocabulario del arrabal de donde provenía. Las palabrotas, los insultos, las amenazas no se hicieron esperar.

Aquel infeliz se ponía rojo como la grana hasta que un día, en su desesperación, musitó:

—Te quiero, pero me veo forzado abrir las puertas de mi casa para que te marches.

Ella muy ofendida le gritó tales cosas que los vecinos asomaron la cabeza.

Dos lágrimas manaron de los ojos de aquel caballero y susurrándole rogó:

—Por favor no me fuerces a enviarte allí donde se depositan las heces fecales.

  

© Marieta Alonso Más