domingo, 24 de septiembre de 2017

Amantes de mis cuentos: Mala suerte

Mausoleo de Halicarnaso.
Grabado de Martin van Heemskerck (siglo XVI)


La genética es lo que tiene. Mi madre era dueña de unos ojos verdes preciosos heredados de mi abuelo, al que llamaban el rojo no por connotaciones políticas sino por la abundante caballera de ese color. Tenía una elegancia que hasta vestido de trapillos parecía un marqués.

Mi abuela paterna, con una cara preciosa y un cuerpo escultural, se fue del pueblo y no regresó hasta no haberse casado con uno que tenía los bolsillos llenos.

Fue muy generosa. Construyó para toda la familia el más grande y ostentoso mausoleo que existe en el cementerio municipal. ¡Lástima! No se le ocurrió comprar una casa para cada uno de nosotros.


Pues con todos esos antecedentes, heme aquí en vida: canijo, calvo, miope y pobre.




© Marieta Alonso Más         

domingo, 17 de septiembre de 2017

Nuevo Akelarre Literario nº 24: La Aurora de Rodin



Pinchar aquí para leer los cuentos



François Auguste René Rodin (París, 1840 – Meudon, 1917) conocido como Auguste Rodin, está considerado como el padre de la escultura moderna. Tras sus inicios en la "Pequeña Escuela", trabaja en el taller del ornamentista Albert-Ernest Carrier-Belleuse, en París, y posteriormente en Bruselas, donde demuestra una gran habilidad para los temas decorativos de espíritu dieciochesco. El descubrimiento de Miguel Ángel, durante un viaje a Italia en 1875-1876, fue determinante para su trabajo posterior. Rodin abre paso al arte del siglo XX mediante la introducción en su obra de procesos técnicos y opciones que se encuentran en el centro de su estética.
La obra que inspira los relatos de este mes, titulada La Aurora, fue realizada entre 1895 y 1897 y es un buen ejemplo de cómo trabajaba el maestro, dando una dimensión alegórica a los retratos de sus allegados. En este caso utiliza los rasgos de Camille Claudel, también escultora, que fue su alumna, musa y amante. Cuando se conocieron en la escuela de arte, ella tenía diecinueve años y él cuarenta y tres.
El rostro, con una expresión algo lejana, es liso y pulido, mientras el bloque de mármol que lo rodea, marcado por las huellas de las herramientas, se ha dejado voluntariamente en bruto. Este contraste, que no deja de recordar el trabajo de Buonarroti, permite intensificar el brillo del rostro, evocando solo con su título, el sol que emerge al alba.
Este año, centenario de la muerte del artista, el museo Rodin de París ha organizado una exposición para recordarlo.

Que os gusten nuestros cuentos

domingo, 10 de septiembre de 2017

Amantes de mis cuentos: Géminis


Signo zodiacal: Géminis





La primera vez que hice el amor fue una soleada tarde de octubre en la sierra madrileña bajo un roble cuyas hojas nos servían de cómodo colchón. No hay nada más hermoso que la pasión enredada con el olor a tierra mojada…


Nada menos que eso le contaba Claudia a Felipe, el nuevo ligue, que la miraba con sus grandes ojos de buey. Menos mal que los Géminis disfrutan dando consejos y la respuesta fue que tuviera cuidado porque por menos de nada se puede pillar una buena pulmonía.

Felipe tiene la capacidad de ver las dos caras de una misma moneda. Su elemento aéreo hace que a la vez sea jovial, charlatán, amable, superficial, divertido, mentiroso, complejo, contradictorio. Espero que su planeta mercurio le lleve por buen camino, y que su carácter no le juegue una mala pasada cuando llegue final de mes.

He aconsejado a Claudia mesura, es demasiado atolondrada. Este juego puede resultar muy peligroso. Cada treinta días un hombre es demasiado cansino, pero tiene una vitalidad que puede con todo. No sé ni cómo se pudo quitar de encima a Eduardo, el tozudo Tauro. Me respondió que estuviera tranquila, los Géminis consideran que la vida es como un juego y que en todos los signos prima la amistad. Está segura que a final de año tendrá doce grandes amigos en su haber.

Horóscopo chino: Buey o Búfalo



© Marieta Alonso Más




domingo, 3 de septiembre de 2017

Nuevo Akelarre Literario nº 16: Monumento al Ángel caído

Monumento al Ángel Caído - Parque del Retiro de Madrid

“Por su orgullo cae arrojado del cielo con toda su hueste de ángeles rebeldes para no volver jamás a él”

El Paraíso Perdido. John Milton

Se encuentra en el parque del Retiro de Madrid, en la glorieta del Ángel Caído sobre el solar que ocupaba La fábrica de Porcelana de la China, fundada por Carlos III en 1760 y destruida en 1813 durante la guerra de la Independencia.

Su autor es Ricardo Bellver (1845-1924) que ganó con esta obra en 1878 la Medalla de Primera Clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes, celebrada en Madrid, la cual se envió ese mismo año a París con motivo de la Exposición Universal que se realizaba en dicha ciudad.

El pedestal sobre el que se apoya la estatua es octogonal, con caretas de diablos en cada uno de sus lados, fue encargado al arquitecto Francisco Jareño en 1880.


Pinchad y podréis leer cuatro cuentos:





Disfruten con ellos.

domingo, 27 de agosto de 2017

Amantes de mis cuentos: Accidente







Caer en un abismo y no tener más remedio que seguir adelante es lo que sentía Miriam cuando acostada en la camilla de la ambulancia era trasladada al Hospital. 

El dolor era tan fuerte, tan pertinaz que  le costaba un gran esfuerzo el simple hecho de respirar, en cambio, su mente trabajaba con gran rapidez pensando en lo que sería su vida si lograba sobrevivir al impacto de aquel coche que se alejó.

A su alrededor todo eran ruidos, una sirena que no dejaba de sonar, los hombres vestidos de blanco pidiendo el instrumental y unos gritos, al parecer suyos, que se oían a veces profundos y graves y otros como si se ejercitara para soprano.

Ella no escuchaba lo que le decían, solo pensaba que como siempre toda su vida estaba marcada por los latigazos de los acontecimientos, éstos se adelantaban a sus intenciones. Su madre decía que siempre comenzaba la casa por el tejado y tenía razón.

Sin trabajo, sin marido, sin hogar, la frialdad de la muerte la saludó justo en el momento que le estaban colocando sobre su pecho el fruto de una relación no recordada.



© Marieta Alonso Más

domingo, 20 de agosto de 2017

Nuevo Akelarre Literario nº 23: La pesca del atún en Ayamonte




La pesca del atún, cuadro que inspira este mes nuestros cuentos, fue realizado en el año 1919 por el pintor español Joaquín Sorolla Bastida (1863–1923). 
Muestra la tradición pesquera de la almadraba, arte que ya fue utilizado por fenicios, griegos y cartagineses en las costas españolas, cuando en la primavera, época de celo, los atunes nadan desde el Círculo Polar Ártico hasta el mar Mediterráneo, buscando sus aguas calientes para el desove.
Hasta septiembre de 2017 se pueden ver en el museo de El Prado de Madrid, las pinturas cedidas por la Hispanic Society of America.


Pinchad aquí y podrás leer nuestros cuentos
http://www.nuevoakelarreliterario.com/la-pesca-del-atun-en-ayamonte/#







Espero que os gusten

domingo, 13 de agosto de 2017

Amantes de mis cuentos: Ida y vuelta



Era invierno. El frío se colaba por las rendijas hiriéndome la cara, las manos y el trocito de pierna que se quedaba al aire entre los calcetines y el pantalón. Estaba aburrida y cansada de tanto esperar. No sé qué hacía allí, encaramada en nuestra única maleta. Mi mamá me aconsejó no tocar nada. Nos vamos a otro país en busca de una buena vida, eso lo dijo papá y mamá contestó que era lo mejor que se podía hacer si queríamos salvar el pellejo. Estoy triste. No tengo con quién jugar. No hay ningún niño a la vista. Y como mis padres están nerviosos, es mejor que me aleje de ellos no sea que reciba una regañina. Al no tener nada que hacer, me tumbé en el suelo, y me dormí.

Recuerdo ese día como si fuera ayer ¡Y ya han pasado setenta años! Aquella niña hoy habla, sueña y piensa en francés. Con mis padres fue distinto. Ellos no llegaron a aprender bien el nuevo idioma, lo chapurreaban, con terminar las palabras en “e” pensaban que les entendían. Lo que sí hicimos siempre fue comer en español: cocido, tortilla de patatas, paella.

Con ellos hablaba nuestra lengua materna y con los demás en mi idioma de adopción. Cuando teníamos que hacer alguna gestión en la escuela o ir al médico, les servía de intérprete desde bien chiquita. En el mercado, al principio, mi madre se hacía entender por señas, pero luego aprendió las palabras necesarias para comprar.

Trabajó en una fábrica de cerveza y regresaba a casa agotada, mi padre como era un gran mecánico, entró en Peugeot, y a la noche se desplomaba estrepitosamente en su sillón preferido.

−Da gracias a Dios que no tienes que estar en la construcción−, le reconvenía mi madre.

Los años fueron pasando y mis padres no dejaban de mirar hacia España. Yo, en cambio, con la vista puesta en París me fui a estudiar a la Sorbona. Me casé con un chico francés, a pesar de que mis padres pusieran el grito en el cielo.

−Ahora sí que nunca regresaremos a nuestra tierra. Entre Franco que no se muere y la niña que se casa, ¡apañados vamos!− rezongaba mi madre.

En mi nuevo hogar pasar de una lengua a otra era lo habitual, así mis hijos tuvieron dos idiomas sin grandes esfuerzos y pudieron comunicarse con los abuelos, que les enseñaban a cantar villancicos, coplas, a bailar la jota y a comer como es debido.

Hoy regreso a España con uno de mis hijos, el soltero, que a sus muchos años no quiere dejar de cumplir lo que prometió siendo niño a los abuelos: volver en su nombre.

Y me siento extraña. 


© Marieta Alonso Más