domingo, 23 de abril de 2017

Nuevo Akelarre Literario nº 19: Primera Guerra Mundial




La Primera Guerra Mundial fue un acontecimiento bélico internacional que, iniciado en Europa en agosto de 1914, no sólo llegó a convertirse en una “guerra total”, sino que trascendió al ámbito mundial cuando intervinieron en ese conflicto naciones situadas en otros continentes. Por primera vez en la historia de la humanidad, una lucha armada incluía países muy alejados geográficamente. Además, su evolución y desenlace dejaron una secuela de cambios trascendentales que afectaron al mundo entero.

Sin embargo, hasta antes de 1945 este fenómeno histórico fue conocido como la “Gran Guerra”, y no sería hasta después de ocurrida la Segunda Guerra Mundial cuando se hizo necesaria la distinción entre ambos conflictos. Por su magnitud y consecuencias, la Primera Guerra Mundial constituye una profunda brecha que separa el siglo XX de todo lo que le precedió.

Pinchad aquí



Espero que os guste

viernes, 21 de abril de 2017

23 de abril: Un día para regalar un libro, una rosa y felicitar a todos los Jorge del mundo.


¿Te gusta leer?

¿No sabes dónde puedes encontrar mis cuentos?


La Central de Callao
Postigo de San Martín, nº 8 
28013 Madrid

Librería Fernando Sanz
C. Juan de Urbieta, nº 8
28007 Madrid

Notting Hill Bookshop
Plaza Los Santos Niños, 5
Alcalá de Henares (Madrid)

Librería Papelería La Verde
Avda. de la Albufera, 71
28038 Madrid

Librería Muga
Avda. Pablo Neruda, 89
28018 Madrid


"Es un buen libro aquel que se abre con expectación y se cierra con provecho". 
Louisa May Alcott

domingo, 9 de abril de 2017

Amantes de mis cuentos: Con la cabeza a cuestas





Cada día lo mismo. Suena el despertador. En pie. Pongo la cafetera. Una ducha rápida, la tacita de café y a la calle a recorrer el largo pasillo del intercambiador que me lleva al tren y al trabajo. 

A paso rápido, ni me doy cuenta de lo poco concurrido que está. En lo alto, dos personas parecen hablar por el celular, un niño se aleja, un hombre se acerca y otro vigila. Hoy me espera una mañana ajetreada, una tarde deplorable y una noche de espanto. Nathan y yo hemos vuelto a discutir. Reanudó las amenazas, rompió una lámpara y dando un portazo, se marchó. No hay solución. Al salir debí haber hablado con el encargado del edificio para que me cambiara la cerradura. Al no verle en la puerta ni me volví a acordar. No llevo una hora despierta y tengo la cabeza que echa humo de tanto pensar. Lo mejor sería un traslado laboral, un lugar lejano a miles de millas. No. Es preferible cambiar de empresa, si sigo en la misma me localizará con facilidad. ¡Oh Dios!, tendré que tirar por la borda tantos esfuerzos realizados para llegar donde estoy. Empezar de cero otra vez. 

Oigo los pasos cada vez más cerca, aprieto el bolso contra el pecho, no es que lleve mucho dinero pero… es mío. Acelero el paso, miro de reojo y la sombra la tengo a mi izquierda, detrás de mí. Con sigilo saco el spray contra ladrones. Lo que me faltaba.

Menos mal que no tenemos hijos. Fue el destino, porque yo estaba dispuesta a darle todos los que quisiera. Estás totalmente ciega, quítatelo de encima, repetía mi madre. Ese hombre lo tiene todo: vicios, vagancia y violencia. Y siguiendo su costumbre de hablar con la “V”, continuaba: 

−Viola tus derechos y vivirás en vilo. 

La sombra está casi encima de mí. Con tanto pensar he dejado que ganara distancia. Echo a correr. 

Tenía razón mi madre, soy una marioneta en sus manos. A solas tomo decisiones; junto a él, todo es confusión. Sin falta he de ir al banco, debo desautorizar su firma en mi cuenta. Ojalá que no sea demasiado tarde. En estos momentos no puedo quedarme con los bolsillos vueltos.      

Siento una mano en el hombro. Sin mirar aprieto el spray. No atiné. Una nuble me separa del agresor. Entre toses, escucho: 

−¿Qué haces? ¡Estás loca! 

Es mi compañero de trabajo que agarrándome, todo sofocado, me pregunta de quién estoy huyendo.  




© Marieta Alonso Más

domingo, 2 de abril de 2017

Feria del Libro en Trujillo (Cáceres)

Gracias Trujillanos

Gracias Pizarro

Gracias Carmen
(por regalarme un libro para que aprenda a hablar Castúo)

Gracias Asociación Escritores de Madrid






Amantes de mis cuentos: Capricornio


Capricornio

Tras muchos fracasos amorosos que la hacían sufrir durante tres días y ciento cuarenta y cuatro horas (menos que a Sabina), tomó una gran resolución. Cambiar de novio todos los días primeros de cada mes. Podría parecer superficial, pero no lo es.

Sus hombres tendrían que cumplir una serie de características irrefutables: El de este mes no podría sobrepasar los treinta y seis años. Sería alto, delgado (nada de tripita), cabellos negros, ojos claros (verdes, a ser posible), dedos de pianista, simpático, dicharachero, generoso, con gran sentido de la amistad, y una buena cuenta corriente bancaria.

Nada más entrar en aquel Pub, se topó con Antonio y se quedaron prendados. ¡Aleluya! Nació en este mes: Capricornio, su elemento Tierra, su astro Saturno y es Mono, en el buen sentido de la palabra, según el horóscopo chino. ¡Qué suerte!

Lo estudió a fondo. Parecía tener los pies sobre la tierra. Algo conservador y realista, tendrá que espabilarlo, emocionalmente. Menos mal que ama el lujo y los bienes materiales, lo mismo que ella. Es práctico, leal, estable. ¡Qué aburrido! 

Mejor que no sea perfecto. Su tiempo acaba el último día de este mes y hasta el año que viene, si tiene la paciencia suficiente, no volverá a disfrutar de su cuerpo y de su agradable compañía.

A la semana se percató que sufría de un egocentrismo feroz, aunque no contaba mucho de sí mismo. ¡Por Dios! Si es un tacaño redomado. Si camina lo esencial para no gastar la suela de los zapatos.

Ha de trabajar su generosidad y hacerle ver que a su edad debería aprender a compartir -piensa Claudia con su espléndida sonrisa-. ¡Cuánto más se da, más se recibe! ¿A qué sí?



Horóscopo chino: El mono


© Marieta Alonso Más 

domingo, 26 de marzo de 2017

Amantes de mis cuentos: Sonidos en la noche



El zumbido de la ambulancia y la luz giratoria que incidía en el techo de mi dormitorio me sacaron del duermevela en que me encontraba. Mi marido no estaba en la cama. Eran las tres de la madrugada. 

Posiblemente tendría trabajo en la oficina. 

Desde hace medio año se ha incrementado su quehacer y el pobre no tiene un minuto de reposo, ni siquiera para llamarme por teléfono. 

Esa luz de aviso, esa sirena indicaban que algo sucedía en mi calle. No tenía por qué haberle pasado nada a Pepe, si se quedaba en la oficina era precisamente para no adentrarse en la noche, en esas horas violentas que cualquiera sabe lo que puede pasar.  

Oía voces debajo de mi ventana. Salí al balcón quedándome en la zona oscura para no ser vista. El alumbrado público es un desastre cada dos farolas una está apagada y las sombras corren por las fachadas de los edificios como si huyeran. 

Mi gata vino hacerme compañía. Había mucho alboroto, muchas personas asomadas. Los policías iban de un lado a otro. Sonó un disparo. Vislumbré a una vecina en la acera. 

El teléfono ¡Qué raro! Descuelgo y una voz varonil susurra:

-¿Bea? 

-Se ha equivocado de número. Lo siento. –dije y colgué.

Volvió a sonar. No me dio tiempo a atenderlo. Un dedo se había quedado pegado en el timbre de la puerta.

-¿Quién es?

-María. Tu vecina.

Abro de inmediato. En pijama me contó que el perro del portero de enfrente se volvió loco y ha mordido a su amo y a un policía. No hubo más remedio que matarle porque enseñaba los dientes a todo aquél que se le acercaba.  

El teléfono de nuevo.

-¿Bea?

-Le he dicho que aquí no hay ninguna Bea.

-¿Cómo te llamas? 

Era una voz insinuante.

-A usted qué le importa –y enfadada corté la conversación. 

-No quiero asustarte pero desde hace días también me llaman. Dicen que son cacos para comprobar si hay alguien en casa.


Nos acercamos al mirador al escuchar un gran silencio. Ya se han marchado todos. El vecino de enfrente nos sonríe, con el móvil en una mano saluda y con la otra cierra la puerta de su terraza.






© Marieta Alonso Más