miércoles, 30 de noviembre de 2016

El Gato Trotero escribe sobre Y... ¿Por qué?

miércoles, 6 de julio de 2016

Y...¿POR QUÉ? de Marieta Alonso Más



"Cuenta la historia que el Gato enseñó a pelear al Tigre cuando este aún era pequeño; le mostró las artes milenarias y olvidadas de los felinos y el tigre manifestó la excelsa gallardía del más imponente de todos los de su especie. Pasaron los días y las noches, y el Tigre se hizo grande, fuerte y poderoso, tanto que se creyó por encima del resto de animales, incluido su propio maestro, el Gato. En desigual batalla, el Gato no tuvo nada que hacer ni en fuerza ni en juventud, su fiereza le confería una peligrosidad extrema; entonces, cuando todos los preceptos que el mentor había depositado en el prominente aprendiz se habían venido en su contra, utilizó su secreto mejor guardado, esa parte del conocimiento felino que nunca explicó a su alumno, ese camino misterioso que cada maestro hace de su luminosa senda: el Gato trepó al árbol, ante el asombro del Tigre y de nada sirvieron sus rugidos, sus arañazos a la inocente corteza arbórea y su fiereza desmedida, su maestro quedó arriba y él, abajo...ya nunca más pudo alcanzarlo, pasando el mal alumno el resto de su vida en el suelo y su maestro el Gato, en las alturas."

(El Gato Y el Tigre. Cuentos Chinos)





De pequeña me encantaban los cuentos, y en especial aquellos que saciaban mi curiosidad y respondían de forma divertida a mis preguntas, me encantaba aprender diviertiéndome; incluso yo contaba cuentos a mis primos más pequeños en los que les enseñaba cosas como porqué los perros ladran y los gatos maullan (reconozco que aquí había más imaginación que realidad) y cuentos tan "famosos" de mi repertorio como "Lentejita" o " Tositín y el jarabe de la tos", este último aún sigue teniendo mucho éxito entre el público infantil e incluso fue usado para que mi casi centenario abuelo se tomara la medicación de la neumonía ¡Un buen cuento nunca pasa de moda! la verdad es que miro hacia atrás y mi vida está llena de cuentos, historias, relatos, curiosidades ¿Qué sería de nosotros sin esa válvula de escape que son los cuentos? no hay manera más hermosa de contar incluso tristes historias. 

Nací con una cardiopatía severa, una compleja insuficiencia cardiaca que dio muchos quebraderos de cabeza a todos, y es que me era muy complicado acatar instrucciones médicas porque no entendía qué era lo que me pasaba y porqué tenía que renunciar a cosas que otros niños realizaban con normalidad. Y ahí entraron en juego los cuentos. Personajes como Cory, Valvulina, Prolapso, Ciudad Coronaria, Ricardio Pericardio y los malvados Taqui y Cardias consiguieron convertir en cotidianidad una rareza congénita que lejos de hacerme rara ante los demás, lograron hacerme alguien muy especial a ojos de mis compañeros, e hicieron de mi la Reina de las historias, una Cuentista para el resto de mi vida.


...La vida en sí es el más maravilloso Cuento de Hadas...



EL LIBRO.

Es este un libro de cuentos y no tan cuentos, para niños y no tan niños. 

Ante la curiosidad y la tenacidad infantil, poco podemos hacer excepto saciar la primera y aguantar estoicamente la segunda; ante un concepto nuevo siempre surgirá en el niño la duda, y con ella la pregunta ¿Y...por qué?, es innato en el infante saber para aprender, y es el deber de los adultos, enseñarles sin predicar, sermonear o aburrir. Es más bonita la Historia contada a base de pequeñas historias y se conserva por siempre en nuestra memoria si nos los enseña un cuento que una austera lección escolar. Nos dice Pelusa, el Gato, que los cuentos son como el pan o las galletas rellenas de chocolate: algo completamente imprescindible para la vida humana y el normal crecimiento de las personas, y que Marieta, además, sabe untarlas con mermelada casera, la más rica de todas.

Por eso nos aconseja Pelusa que destapemos el tarro y metamos dentro el dedo, y solo después podemos preguntar Y... ¿Por qué?




...La mayoría de las personas que caminarán detrás de mi, serán niños, por lo que mantendré los pasos cortos...



LA OPINIÓN DEL GATO.

Lo primero que llamó mi atención sobre el nuevo libro de Marieta Alonso, fue como casi siempre me ocurre, su portada: Un helado de cucurucho de tres sabores, una carabela, un hombre prehistórico y un perro, y en el centro de todo, la gran pregunta Y...¿Por qué?. Y como también viene siendo costumbre en mi, no pude esperar a comenzar la lectura para imaginarme las respuestas a tan incisiva pregunta; reconozco que todas disparatadas, absolutos despropósitos que hicieron que al leer los cuentos de Marieta, sus preguntas y respuestas me parecieran más hermosas todavía
¡Cuánto he disfrutado, pero cuánto! 

Con su libro anterior, ¿Habla usted cubano? descubrimos a una Marieta divertida, campechana, sencilla, una narradora elegante y locuaz que nos contaba historias tanto de aquí como allende los mares, relatos cómicos, trágicos, cotidianos  y extraordinarios, pero todos ellos con un sentido del humor ácido en ocasiones, dulce en otras, que nos conseguían arrancar una sonrisa aún cuando cabía la lágrima entre risa y risa. Con este segundo libro, la autora nos hace sentir niños de nuevo, relatándonos historias que si no las hemos vivido tal cual, se asemejan asombrosamente a las vividas por cada cada uno de nosotros. Preguntas que para un adulto pueden resultar absurdas y hasta incómodas, en labios de un niño se convierten en lógicas ¿Cómo es que nadie las había preguntado antes? si yo fuera niña, me haría esta pregunta, es más, se que cuando fui niña, me hice esa misma pregunta más de una vez.

Pero la magia del libro de Marieta no está en la pregunta, si no en las respuestas que un adulto da a la curiosidad infantil, y hay que hacerlo respetando al niño, que ni es tonto ni se va a conformar con cualquier patochada o trola que le queramos contar; y ahí surgen los preciosos relatos de la autora hispano-cubana.

Marieta es una cuentista nata, su capacidad para convertirse en niño y
preguntar y razonar como lo haría un chiquillo de verdad, emociona y te crea un hormigueo en la barriga al sentirte de nuevo pequeña y recordar ese lenguaje directo, impreciso, irresoluto, pero salido del corazón que todos tuvimos cuando fuimos niños y que la mayoría perdieron hace ya mucho; habla y piensa como un niño, pero no duda cuando ha de cambiar de registro y adoptar el papel de adulto que contesta a un párvulo, pero de un adulto que recuerda que fue niño y como tal, apreciaba la sinceridad, la claridad y ese toque de imaginación que todo crío necesita por muy serio que sea el tema a tratar. Enseñar y divertir.

Alonso Más crea con un sencillo lenguaje, pero sin dejar lugar a dudas, ni en la forma ni el fondo, unos relatos preciosos, cortos y cargados de sentimiento y dulzura. Desde el origen de los helados, el origen el fuego, el viaje de Colón o las pretensiones del Gato Pelusa, la autora trata desde un punto de vista infantil, temas tanto importantes como trascendentales -para un adulto- sin perder un ápice de emoción en el camino.

 Sentirse niño de nuevo solo es posible si nunca has dejado de serlo.



...Estamos habitados por libros y por amigos...



Y...¿POR QUÉ?
Marieta Alonso Más

ISBN: 978-84-943808-9-1

Directora Editorial: Chiqui Lorenzo

Blog de la autoraFacebook
 Imágenes del texto:  ©Yolanda T. Villar



Una Reseña de Yolanda T. Villar

©TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

domingo, 27 de noviembre de 2016

Amantes de mis cuentos: Búsqueda de empleo

Escultura de un mendigo en el Hospital
de Santo Spirito en Roma (Italia).







Lo más increíble de los milagros es que ocurren.
Gilbert K. Chesterton








Por una vez y sin que sirva de precedente en un discípulo de Trotsky como yo, me he santiguado a la hora de entrar en esta oficina en busca de un puesto de trabajo.

La culpa de haber hecho la señal de la cruz es de mi madre que de niño hizo que me vistiera de monaguillo. También tiene mucho que ver el año que llevo en el paro. Y ¿por qué no?, todos estos jóvenes sentados en la sala con el mismo objetivo que yo. A punto he estado de marcharme. Ellos entre veinte y treinta y yo con cuarenta y cinco años.

Para mi deshonra, mi mujer se ha vuelto conservadora. Ya no me acompaña a las manifestaciones en contra de todas las injusticias y desigualdades que hay en este mundo. Cuando nacieron nuestros tres hijos estuvimos de acuerdo en no bautizarles y ahora resulta que los ha matriculado en el Colegio del Pilar de Madrid. Intento adoctrinarles en casa, lo único que he conseguido es hacerles un lío. Yo solo pretendo equilibrar la balanza, pero mi mujer a dicho que deje a los niños en paz y ponga los pies sobre la tierra, que los buenos dirigentes salen de allí.

Dejo a un lado mis problemas hogareños cuando, tras las pruebas psicotécnicas, me entrevisto con la psicóloga. Hemos congeniado. Me ha citado para mañana de nuevo. He de tener una reunión con el que quizá llegue a ser mi jefe. Con una sonrisa me ha aconsejado que lleve traje, camisa blanca, corbata azul y un buen corte de pelo. Solo han elegido a dos. Y uno de ellos soy yo.

Es tan raro, tan inquietante que entre todos esos currículos que quitan el hipo, me hayan dado una oportunidad, que los pies me han llevado a la primera iglesia que encontré en el camino. No traspasé el umbral, pero desde allí rogué:

-¡Señor, llévame de la mano, que si me dejas solo, lo estropeo!

La petición es absurda. No estoy en mis cabales. Me dí la vuelta.

Y algo sucedió porque una mano, la del mendigo con el que tropecé, evitó que rodara escaleras abajo.



© Marieta Alonso Más

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Primera crítica literaria de mi segundo libro publicado: Y... ¿Por qué?



Y ¿por qué?

Marieta Alonso Mas

Edita Asociación de Escritores de Madrid, Madrid, 2016, 72 páginas


   Hace más de veinte años que el escritor catalán Joles Sennell afirmaba que la literatura infantil y juvenil es aquella que también pueden leer los niños y las niñas. Lo cual no excluye a los adultos porque de hecho existen muchos libros, editorialmente destinados para un público infantil o juvenil, que hacen las delicias de los adultos. Pero no falta quien cree que escribir narrativa catalogada como infantil o juvenil, es propio de escritores de segunda fila que, como no saben hacerlo de forma positiva o al menos decente en la narrativa para adultos, se refugian en el mundo de los libros para niños o adolescentes. Tales juicios y valoraciones son un claro ninguneo de los buenos escritores y escritoras, cada vez más abundantes, capaces de reflejar en sus novelas o relatos, destinados también a lectores infantiles y juveniles, las influencias formales de autores como Kafka, Faulkner o Borges.

   Todo lo anterior puede entenderse como una premisa para gozar hincándole el diente, con justicia y provecho, a los quince relatos que Marieta Alonso recoge y nos ofrece en este su segundo libro en solitario. La autora, cubana de nacimiento, pero con residencia en Madrid desde hace muchos años, fue capaz de sorprendernos de forma muy positiva con sus incursiones en la microficción, en el relato breve, esas pequeñas historias de la recompensa inmediata, recogidas en el volumen de su autoría ¿Habla usted cubano? Un derroche de fantasía, pero sobre todo de escritura sedante.

   Algo similar puedo afirmar de su segunda incursión, directamente con un libro, en la narrativa, Y ¿Por qué?  A pesar de la brevedad de la mayoría de los relatos de esta colectánea, no sería razonable  afirmar que es el formato light  el que le da forma y contenido a las historias que nos regala Marieta Alonso. Seguramente muchas de ellas recogen historias cotidianas, pero no  a ras de tierra, ni con ausencia de temas de fondo. Y sobre todo, habitadas por una desbordante fantasía y por la fascinación de una lengua que fluye con naturalidad, y al mismo tiempo con una tonalidad muy cercana al sentir tanto de un público adulto como infantil. Es el personal acento de la narrativa de Marieta Alonso, que le permite superar con creces la prueba del algodón de la minificción, especialmente porque es capaz de mantener el aliento y fabricar con acierto pequeñas historias que en su mayoría responden al rótulo del libro. El ¿por qué?, el origen de las cosas, el sentido de ciertos  acontecimientos y comportamientos que forman parte de la historia del vivir diario o de la magia.

   Para abrir la lectura con un agradable sabor de boca, Marieta Alonso, hija de la cultura española y americana, nos sorprende con una interesante historia del descubrimiento de América que los padres le cuentan al hijo. Un relato que, sin faltar a la realidad de los hechos históricos, humaniza y reviste de cierta capa de ironía la hazaña del descubridor, de aquel “pirata que robaba seda para que los Reyes se vistieran” (página 17). Y no solo seda, sino también oro y plata “que sirvió para muchas cosas, unas buenas y otras no tanto,” (página 23).

   La fantasía de la autora se entretiene así mismo con un mosaico de piezas híbridas: los cantos del río que pueden tomar vida propia y convertirse en boomerangs; el lugar que van ocupando los pequeños a medida que van creciendo. Con las historias de la abuela, escuchadas de boca de la hermana mayor que define la vocación de la protagonista: de mayor será cuentista. Con el origen chino del helado que Marco Polo descubrió en la corte del Gran Khan Kubilai. Reconstruye así mismo la invasión napoleónica de España -cuando Napoleón se veía gordo en el espejo atacaba un país-; la España de Carlos IV, María Luisa, Manuel Godoy y la derrota de los franceses en Bailén. O se interna en las dificultades de una adolescente que se siente incomprendida, para asumir su situación. Uno de los relatos, en mi opinión, más logrados y atractivos es “Un gato con ínfulas”, en el que la autora humaniza el comportamiento gatuno, pero el animal se niega a ser esclavo de nadie. Y así hasta el relato “El origen de la tierra” que clausura esta selección,  la versión del origen terráqueo planteada por  los tres genios de la clase que, por su parte, se encargan de de instruir al maestro sobre el Real Madrid, “porque un hombre tan culto no podía ser el bufón de sus alumnos por ignorar algo tan grandioso como dar patadas a un balón” (página 70).

   Relatos, en resumen, que derrochan imaginación, ocurrencias, ingrávidas o agudas, y un aparente candor, preñado, no obstante, de talento. Con un estilo sencillo, una lengua pulcra, con menor abundancia de usos locales del español de Cuba que en su anterior libro, Marieta Alonso, convierte, una vez más en esta antología, la vida diaria, el mundo animal o algún retablo de la Historia en prosas condensadas, perseguidoras de sueños. Es ese el hilo conductor y el punto neurálgico de su estrategia narrativa con la que logra transmitirnos historias mínimas, mas repletas de vida.


Francisco Martínez Bouzas



                                                      
Marieta Alonso Más

Fragmentos


El descubrimiento de América


“Pablo con cuatro años tiene novia. Se llama Lidia. De lunes a viernes al salir de la guardería se dicen adiós hasta que son dos puntitos en el horizonte.

Un día la niña le preguntó si conocía a Colón. No. Le preguntó si conocía Cuba. Tampoco. Él conoce a todos los futbolistas de los equipos madrileños, reconoce el coche de su abuelo y de su padre pero en su casa nunca han estado Colón, ni Cuba.

Su madre le ha comprado una pelota que tiene dibujado un mapamundi, para que supiera dónde estaba Cuba y se ha pasado toda la tarde dando patadas al balón y señalando la isla.

A la hora de acostarse pidió a sus padres que le contaran cosas de Colón. A su padre casi le da un soponcio y llamó a la madre para que se hiciera cargo de su erudito hijo. Al final los tres se acomodaron en la cama con un libro de historia y comenzó el relato.”


…..


Un gato con ínfulas


“Mi gato se llama Pelusa y aunque en casa somos muy humildes, el felino, observa mi mamá, nos ha salido pijo. Yo no sé qué quiere expresar con eso pero por el tono en que lo dice debe ser algo muy feo.

No le gustan las sardinas, ni los tejados, ni los ratones y se pasa el día en el patio recostado sobre su lomo con una pata en la cabeza, tomando el sol.

Nosotros en casa somos obreros, eso lo proclama mi papá y no podemos comprarle a mi gato el distintivo que pretende, con su nombre grabado, ni el mejor pienso, ni que el arenero, como tan fino le llama, sea de plata.

Pelusa duerme  a los pies de mi cama y allí me senté para dialogar con él. No debía pedir cosas de plata, intenté convencerle y me contestó con un maullido que él no quería que fuera de plata sino de oro, si es que no nos enterábamos, el latón le daba alergia, necesitaba que fuera de un metal precioso para el bien de su salud y de su futuro porque la gata que tenía en mente vivía en una urbanización de lujo y la primera impresión era muy importante para conquistarla. Él no estaba para sufrir vicisitudes y mucho menos vivir en la miseria, me dijo mientras se lamía una pata.”


(Marieta Alonso Más, Y ¿por qué?, páginas 15, 47-48)

domingo, 20 de noviembre de 2016

Amantes de mis cuentos: Astucia e ingenuidad

Pórtico de las Cariátides

María Fernanda, allá por los años treinta, marchó a trabajar como modelo a Madrid, a una casa taller de alta costura que no tenía renombre, pero sí una selecta clientela de alto copete.

Yo me vine con ella a instancias de mi tía, su madre, que tenía miedo a que viniese sola por los peligros que corre una chica de diecisiete años, con una buena figura y una cara preciosa, en la capital. Mi tía era de las que levantaba el mentón y decía que, por mucho que se necesitara el dinero en casa, había que mantener en alto el buen nombre de la familia.

Lo que mi tía no sabía es que yo a mis veinte años no era la compañía más adecuada para la ingenua de mi prima. Me catalogaba como una chica moral, responsable, atributos que siempre se le endilgan a la más fea del pueblo. Por cierto me llamo Clotilde, y en el ámbito de mi profesión soy Clot.  

Así que alquilamos una habitación con derecho a cocina en un barrio céntrico de Madrid, y María Fernanda comenzó a trabajar en el taller. Mientras tanto yo me encargaba de la limpieza de la habitación, de hacer la comida y de ganarme la vida.

No había pasado un mes cuando necesitaron en el taller una buena planchadora. Mi prima dijo que tenía a la persona adecuada. Es verdad que todo lo que hago lo hago bien. Y pensé que con probar no perdía nada, ya que mi trabajo siempre lo tengo a pie de calle.

Enseguida que entré en aquel taller (Mª Fernanda le llama atelier), me di cuenta de las grandes posibilidades que teníamos. Entre dibujante, costureras, planchadora, modelo y dueña no llegábamos a diez personas. A las clientas se les notaba la riqueza hasta por los poros. Los maridos fluctuaban entre diferentes edades. Un vejestorio, en particular, bebía los vientos por María Fernanda. La puse al tanto, la muy boba ni cuenta se había dado. Con esos trajes maravillosos y desfilando por el salón, se subía a las nubes y de allí no había quien consiguiera bajarla. Menos mal que lo que yo le decía iba a misa, así que le comenté que no pasaría mucho tiempo sin que don Generoso, abuelo, padre y esposo de las mejores clientas del taller, la invitase a cenar a un restaurante.

−Dile que no. Tienes que darte a valer.

María Fernanda pensaba que tantas delicadezas de don Generoso, tantas sonrisas, no era otra cosa que la quería como a una de sus nietas. Le expliqué con lujo de detalles que, como decía un tal Jacinto Benavente, en esta vida todo son intereses y un poco de amor a veces. Ninguna de las dos conocíamos al ilustre literato, pero un cliente en plano acto me había soltado eso, y desde entonces yo lo repetía.

Y no pasaron ni dos días sin que María Fernanda viniese a la plancha a decirme el disgusto que se había llevado Don Generoso por su negativa.

−Tú dale tiempo al tiempo −le aconsejé−, si mañana viene con un regalo acéptalo, después de hacerte de rogar un buen rato.

Al día siguiente Don Generoso se presentó con un reloj de pulsera. Mi prima se lo devolvió. Había tergiversado mi consejo.

Como esta prima mía no tiene maldad, a la siguiente invitación le dijo a Don Generoso, que no podía aceptar salir con él. Yo le había dicho que, ya que era virgen, debía cotizarse al alza, y que probar tan exquisito manjar bien merecía que le comprara a sus padres una casa en el pueblo. Cuando me dijo lo que había dicho me tapé la cara con las manos y pensé que don Generoso pondría los pies en polvorosa. ¡Me equivoqué! Don Generoso volvió al día siguiente y le pidió conocerme.

Tras las presentaciones, llamaron a mi prima para que paseara un vestido y don Generoso y yo nos quedamos solos. Como no tengo pelos en la lengua, me dirigí a él con total claridad. Estuvo de acuerdo conmigo en que, si conseguía la mercancía, tendríamos la escritura de una casa. No salió de su asombro cuando le expliqué que la escritura debía estar a nombre de María Fernanda, que yo no necesitaba nada de él.

Y pasó lo que tenía que pasar, con la única diferencia que María Fernanda pidió que la escritura fuese a nombre de sus padres porque nunca habían tenido nada y ella quería darles esa alegría.

Resultó que don Generoso se enamoró y le compró un piso a María Fernanda, porque el sitio donde vivía no era apropiado para ella. Lo que no se imaginó don Generoso es que yo fuera en el lote.

Los años fueron pasando con sus visitas al piso de placer. Él se sentía un ser afortunado porque María Fernanda era discreta, fiel y nunca le pedía nada. Yo era otro cantar porque, aunque me hacía invisible ante don Generoso, una vez al mes me mostraba para hablar de negocios.

Al cabo de veinte años, mi prima tenía a nombre de sus padres una casa, a su nombre un piso, unos ahorros bastante sustanciosos y hasta un local en la mejor calle de Madrid, donde pusimos una tienda de ropa. A sus treinta y siete años, María Fernanda dejó de desfilar porque una servidora, le había hecho ver a don Generoso lo tranquilo que él se iría al otro mundo si pudiera dejar a María Fernanda en una situación holgada. Sin carencias, ella no tendría necesidad de caer en brazos de ningún otro.

A los pocos meses mi prima se quedó viuda sin haber sido esposa, y muchos de los amigos del difunto pretendieron ocupar su lugar, pero se encontraron siempre conmigo.

−María Fernanda, ahora, protegida a nivel económico, debe aspirar a ser amonestada y casada.

Y uno de ellos la llevó al altar.

Aunque tengo piso propio, María Fernanda no me permitió que la abandonase, así que lo alquilé. He cuidado a cuatro niños como si fueran míos. Y lo mejor de todo: María Fernanda es recibida con respeto por lo más alto de la sociedad.


Yo sigo al lado de quien es lo que es. Gracias a mí, que era lo que era.   





© Marieta Alonso Más